
Washington, DC—Cuando un grupo de soldados irrumpen en una casa presidencial, se llevan al Presidente y lo ponen en un vuelo hacia el exilio, como sucedió en Honduras el domingo ante-pasado, está claro que se ha dado un “golpe”. Pero, a diferencia de la mayoría de los golpes en la tortuosa historia republicana de América Latina, el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, carga con la mayor responsabilidad por su derrocamiento.
Miembro de la rancia oligarquía a la que ahora condena, Zelaya llegó al cargo en 2006 como líder de uno de los dos partidos de centroderecha que han

